LA RAZÓN: Mi hijo (ya) no lee… ¿y ahora qué hago?

Según los datos del Barómetro de Hábitos de Lectura y Venta de libros de la Federación del Gremio de Editores… el 85,2º% de los niños de seis a nueve años lee en su tiempo libre hasta tres horas a la semana, el 70,8% de 10 a 14 años mantiene esta “buena costumbre”.

Los niños de nuestro país leen. Leen mucho. Son los que más leen. Sobre todo las niñas. No cabe duda. Es un logro social del que estar orgullosos. Según los datos del Barómetro de Hábitos de Lectura y Venta de libros de la Federación del Gremio de Editores… el 85,2º% de los niños de seis a nueve años lee en su tiempo libre hasta tres horas a la semana, el 70,8% de 10 a 14 años mantiene esta “buena costumbre”. Y sin embargo llegados a la crítica edad -tan vilipendiada, tan incomprendida- de la adolescencia… el porcentaje cae a la mitad y son solo el 44,7% los que perseveran en el hábito lector (muchos más, por otra parte que los adultos que dicen seguir haciéndolo por placer).

Los expertos coinciden (casi) siempre en señalar los factores que acompañan este derrumbe: En Primaria el acompañamiento de los docentes a la lectura es mayor y está más sistematizado mientras que en Secundaria la especialización de las disciplinas hace que la lectura quede relegada al área de lengua y literatura con no muy acertadas prácticas en muchos casos; la irrupción de las redes sociales y la inmensa oferta audiovisual que asalta a los adolescentes; y la relevancia que toma el grupo, las relaciones sociales, en esta etapa del desarrollo completan un panorama -que parece- desalentador.

Sin embargo “otros expertos” y aquellos que están (estamos) en contacto permanente con los jóvenes aseguran: Los adolescentes SÍ leen, claro que leen. Es posible que no lean lo que a nosotros nos gustaría, es probable que muchas de sus lecturas sean superficiales y demasiado prácticas, es seguro que se pierden muchas cosas por el camino… Pero leen. ¡Vaya sí leen!

Wattpad es una aplicación de lectura y escritura que ya tiene más de 500 millones de historias ¡y todas tienen lectores! Millones de jóvenes en todo el mundo comparten sus relatos y leen los de otros jóvenes (y no tan jóvenes) encumbrándolos a la categoría de best-sellers. Pero no basta. Por supuesto que no basta… y a muchos adultos se nos abren las carnes cuando vemos que nuestros jóvenes (y nuestros conciudadanos) gastan su tiempo pegados a pantallas durante horas y horas con mensajes fragmentarios, banales, superficiales, efímeros…

Pero ¿y qué hacer? ¿qué hacer para que mi hijo vuelva a leer?

No hay fórmulas mágicas, ni trucos y ya hace tiempo que somos conscientes que los “eslóganes” más o menos ingeniosos no “hacen lectores”.

Desde mi experiencia en las aulas, en las bibliotecas, en espacios físicos y virtuales donde me he ido encontrando con jóvenes lectores y no lectores… sí hay claves, ideas fuerza, convicciones que funcionan… si se aplican con honestidad y perseverancia…

La primera y la más obvia. Para que ellos lean… leamos nosotros. Que el ejemplo es una fuerza educativa arrolladora está fuera de toda duda. Pero en ocasiones tratamos de que nuestros alumnos, nuestros hijos hagan cosas que nosotros no hacemos… Queremos que lean, que disfruten, que aprendan con la lectura. Pero nosotros encontramos mil y una excusas para no hacerlo (las mismas que ellos por otra parte: que si no tengo tiempo, que si los libros no me enganchan, que si llego muy cansado a casa…)

Y aún más, leamos “lo que ellos leen”. La literatura infantil y juvenil en nuestro país goza de buena salud, de prestigio y de un momento que bien podría calificarse de Edad Dorada. Raro es el año en el que uno de nuestros escritores LIJ no es nominado al prestigioso premio Astrid Lindgren (el Nobel de la Literatura infantil y juvenil). Y sin embargo… ¿cuántos padres siguen leyendo los libros que leen sus hijos a los 15, 16 años? Si queremos acercarles a la mejor literatura empecemos por leer la “mejor literatura escrita para ellos” (y la que no está escrita para ellos también, claro).

Leamos, releamos, recuperemos aquellas novelas que nos marcaron, las que dejaron huella. Volvamos a leer El guardián entre el centeno de Sallinger o la Carta el padre de Kafka, los mejores libros de Verne o Dumas y aquellos como El lobo estepario o el Principito que nunca se leerán igual que en la adolescencia. La mejor campaña de animación a la lectura frente a un adolescente es un padre o un profesor leyendo delante de él… O muchísimo mejor aún: leyendo CON él.

Y después ¿qué? Después… compartamos con ellos los “beneficios” de la lectura (y las dificultades, y el tedio, y la pereza a veces…). Ofrezcámosles lectura, démoles de leer, presentémosles opciones, alternativas. Las mejores. Igual que les enseñamos (o almenos lo intentamos) a comer, a probar sabores nuevos, a apreciar lo bueno, a hacer deporte, a gustar de la belleza, a disfrutar de la música… Démosles de leer. Ofrecer la lectura pasa por hacerla presente: tener una pequeña biblioteca en casa, alimentar una en su cuarto, o su propio estante, sugerir, recomendar, invitar… Ofrecer la lectura pasa por hacerla visible: que el centro de la vida familiar no sea la televisión o la pantalla personal de cada cual, sino el estante, el anaquel, la librería.

Y para cerrar el círculo, para que la llama no se apague, para que el esfuerzo sirva para algo… COMPARTAMOS lo leído. Miles de personas acuden cada semana en nuestro país a clubes de lectura para comentar su última lectura. Hagámoslo en el aula, en casa, en el trabajo. Hablemos de libros, como hablamos de series, de deporte, de política y de entretenimiento… Recuperemos la lectura como provocación, como hecho social. Hagamos de la lectura un tema de conversación… Hablemos nosotros primero y escuchemos lo que los jóvenes tienen que decir (seguro que aprendemos muchísimo)

Y para que este artículo no quede como un desideratum, una declaración de (buenas) intenciones o un brindis al sol… aquí van algunas sugerencias muy muy concretas…

Si tu hijo/alumno anda huraño, arisco, cierra la puerta en tus narices, ya no te mira a los ojos y camina rumiando su malestar emocional a empujones… ten a mano autores como Peter Cameron y su Algún día todo este dolor te será útil o León Kamikaze de Álvaro García Hernández.

Si tu hijo/alumno es consciente de las dificultades de ser diferente, si ya ha tenido que afrontar los prejuicios y la presión de lo establecido. Si en algún momento has tenido la sensación de que la adolescencia “le duele tanto que querría saltársela”… no dejes de ofrecerle y de leer con él los libros de Nando López, cualquiera: La edad de la iraNadie nos oyeEn las redes del miedo… o acudid juntos a una de sus obras de teatro (Malditos 16, por ejemplo).

Si tu hijo/alumno aún recuerda con cariño alguno de los libros de Julio Verne, si se engancha contigo a las sagas de Indiana Jones y a las más esotérica de la Momia… busca sin duda alguno de los libros de Cesar Mallorquí, La caligrafía secreta o sobre todo La isla de Bowen… y verás lo que es pasar las horas sin levantar la cabeza… Si lo suyo es el misterio, la emoción y el ritmo cinematográfico… HydeValquiria o Desconocidos de David Lozano son apuestas seguras, segurísimas.

Si tu hijo/alumno es un adicto a las series y las plataformas, si ha estado enganchado a Sex Education y a Élite… hazte con cualquier de los títulos de Alfredo Gómez Cerdá o Gemma Liennas, o Maite Carranza o Care Santos…

Si estás seguro de que tu hijo/alumno encierra una sensibilidad que esconde bajo capas y capas de indiferencia y abulia… si le has descubierto embelasado mirando un cuadro o admirando un baile, una frase, una imagen… cualquier libro de Mónica Rodríguez será una auténtica carga de profundidad… Un gorrión entre las manosBiografía de un cuerpo… Gonzalo Mouré, Rosa Huertas, Ana Alcolea… en todas sus historias encontrará el adolescente análisis certeros, propuestas arriesgadas, retos a su inteligencia y a su sensibilidad.

Y si de sensibilidad va la cosa, si te convives con un hijo/alumno con las hormonas alborotadas (todas y todos lo están ¿no?), si una mirada de su chico o de su chica puede cambiarles el humor de toda la semana, si llevan acumulando emociones bajo el rubor de su timidez durante años… las novelas de Begoña Oro, de Patricia García-Rojo, de Javier Ruescas y de tantos otros… serán el perfecto manual de amor para ellos.

Leer mucho. Leer con ellos. Hablar de lo que se lee. Conocer lo que ellos leen. Ofrecerles buenas y variadas lecturas… De este puñado de autores o de otros, nacionales o extranjeros, clásicos o modernos… que conecten con sus intereses y que les presenten retos, desafíos, que les abran puertas y ventanas, que les muestren el potencial inacabable de la lectura.

Profesor de Lengua y literatura desde hace 21 años en el Colegio Santa María del Pilar de Zaragoza. Coordino las bibliotecas escolares de los 17 colegios que los Marianistas tienen en España (1 en Brasil). Profesor asociado de la Universidad de Zaragoza en la Facultad de Educación y en el Máster en Lectura infantil y juvenil. Coordino el programa de “dinamización de bibliotecas escolares” de la Fundación SM “Biblionáutica”. Colaboro con Heraldo Escolar (sección escolar de Heraldo de Aragón) desde hace más de 3 años con crítica de literatura infantil y juvenil y noticias y entrevistas en torno a la lectura.

Y desde hace años animo un blog… alrededor de la LIJ: www.apalabrazos.com

La labor como “bibliotecario” escolar la puedes ver aqui: www.bbltk.marianistas.net

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